La piel genuina no se mantiene igual con los años: toma tono, se amolda al pie y marca los dobleces de cada paso. Eso no es desgaste, es el material haciendo su trabajo. Con un poco de cuidado, un par acompaña durante años.

Después de cada uso

Limpia con un paño seco o apenas húmedo para quitar el polvo. Si el zapato se mojó, déjalo secar a temperatura ambiente y lejos de fuentes de calor directo: nada de secadora, calefactor ni sol de mediodía. El calor reseca la piel y la endurece.

Cada cierto tiempo

Aplica crema o grasa para piel, en capa delgada y con un paño suave. La frecuencia depende del uso: un par de diario lo agradece cada mes; uno de ocasión, dos o tres veces al año. Deja que absorba antes de volver a usarlo.

Cómo guardarlos

En un lugar ventilado, sin apilar y sin bolsa de plástico. Si vas a guardarlos por temporada, rellena la caña con papel para que no se venza. Las botas de caña alta se guardan de pie.

La suela y el tacón

El tacón de bloque y la suela son las piezas que más trabajan. Cuando notes que el tapón del tacón está gastado, cámbialo con un zapatero: es una reparación barata que evita que el desgaste llegue a la estructura.

Lo que conviene evitar

Alcohol, solventes y limpiadores multiusos. Usar el mismo par todos los días sin dejarlo descansar. Y guardarlo húmedo.